
De nuevo noche cerrada bajo Hannover.
En su "no-vida" como inmortal, Stricken había aprendido que aquellos deseaban más que cualquier cosa una noche de luna llena. Viendo lo debilitada que estaba la semiesfera plateada, no pudo evitar esbozar una satisfactoria sonrisa.
Sus pesadas botas creaban un ruidoso compás que seguía el ritmo de sus pasos, rompiéndo así el silencio que reinaba sobre al ciudad en la noche.
Podría evitarlo si se lo propusiera, pues no haría más ruido que el del viento meciendo las hojas de los árboles o los crujidos que estas provocaban al rodar por el empedrado del camino. Pero ya hacía tiempo que eso no le proporcionaba ninguna satisfacción, era demasiado fácil y no tenía ningún sentido. Resultaba más gratificante observar la reacción que tenían los humanos cuando le oían, le veían y aceleraban torpemente el paso, presas del panico.
Hacían bien en temerle, pobre debil e infeliz ganado...
Pronto llegó a su destino. Una antigua casa de dos pisos, recubierta de piedra: "cuando la gente aun andaba por ahí con espadas y caballos" pensó el joven Brujah. Sin entretenerse demasiado entró, esta vez procurando no alertar a nadie de su llegada.
Una vez subida la escalinata que lo llevaría al segundo piso, divisó en la penumbra a su sire que le esperaba tal y como había prometido, pero no estaba solo:
-Hola Stricken, ¿Nos volvemos a encontrat tio!
El Brujah reconoció la voz de su sire y mentor, el cual armonizando su vocabulario con su "no muy recatada" educación, le chocó la mano amistosamente.
-Ahora sientate amigo, no tenemos mucho tiempo -siguió el sire y adoptando un tono más sombrío añadió:
-Lucius.
De los allí presentes, todos ellos sentados alrededor de una enorme mesa, uno se levantó. Vestía en contraposición con el mentor Brujah elegantes ropajes y unos refinados movimientos.
-Gracias Ronin. Bien hijos de la noche -su voz era rasgada, pero a la vez musicalmente perfecta, un recuerdo de lo que debió de ser hace cientos de años.
-Os hemos reunido, tanto sires como nonatos, para pediros que colaboreis en una misión que os encarga la camarilla.
El vampiro guardó silencio durante unos segundos mientras escrutaba el rostro de todos los presentes, después continuó:
-Desde hace años, se rumorea que el Sabbat planea un golpe definitivo contra la organización aquí en Hannover. Nunca se han tomado en serio, pero el reciente asesinato de uno de los ancillae ha disparado todas las alarmas y abierto la veda a las paranoicas medidas de seguridad... -el vampiro, dándose cuenta de que se había ido de la lengua más de lo necesario, retomó el hilo menos crítico con el que había iniciado el discurso:
-Pero no estamos aquí para judgar eso, así que partid inmortales y descubrid en la noche a nuestros enemigos...
